Saturday, 1 December 2007

El jardín abandonado y los nuevos negocios


Cuentan que un hombre errante se encontró una vez con un jardín abandonado. "

"Aunque situado en las laderas de un valle, bañado de sol en invierno y protegido del mismo en verano, sus antaño hermosos rincones estaban ahora cubiertos de zarzas y tojo que amenazaban con hacer jirones la piel de quien osase pasear entre sus pasajes de cantos rodados.

Cuentan que, sin saber muy bien por qué, aquel caminante sin destino observó con astucia todos y cada uno de sus recovecos, advirtió con deleite los manantiales que, como venas tersas y brillantes lo recorrían bajo aquella piel de malezas y, dejando caer su fardo, decidió descubrir el edén oculto bajo aquel erial y devolverle un esplendor que ni en sus mejores tiempos habría conocido.

El vagabundo dedicó a ello 2 años enteros de su vida en los que no cejó hasta que ese laberinto antes hostil y adverso se convirtió en un vergel en el que las plantas recibían a los viandantes inclinándose a su paso en toda su magnificencia, las flores embriagaban los sentidos con su perfume y sus matices embrujaban la mirada del visitante paseándola a caballo por todos los colores del arcoíris.

El vergel renacido se hizo famoso a cientos de kilómetros a la redonda y gentes de todos los linajes y lugares viajaban durante días para poder ser testigos de su belleza: ricos, pobres, campesinos, artesanos, nobles y hasta reyes se acercaron a admirar la obra del peregrino.

Un día, un respetado clérigo, sabedor de la extendida fama de la obra del desconocido, decidió ir a visitarle. Tras varios días de camino, llegó hasta el jardín. Embelesado, observó con el aliento contenido su innegable belleza. En ese momento, el hombre errante se hallaba inclinado ante unas rosas, eliminando con cuidado los pétalos más mustios mientras las abejas volaban afanosamente a su alrededor. El clérigo, haciendo un esfuerzo por liberarse de aquella belleza cautivadora, retomó el motivo de su visita y dirigiéndose al vagabundo le comentó gravemente: “No olvides, buen hombre, que toda esta belleza es obra de Dios”.

A lo que éste, tras unos segundos de calma reflexión, le contestó: ”No quisiera ser irrespetuoso, hermano, pero debería haber visto como tenía Dios su obra, antes de que llegase yo aquí”.”

Por supuesto que Dios, la vida, el universo, o aquel concepto en el que creamos para mejor cultivar nuestra normalmente desatendida espiritualidad, no tiene nada abandonado; y que, como bien hacía el buen clérigo, todos necesitamos a menudo una cura de humildad.

Pero esta pequeña fábula, que me contaron hace ya muchos años, contiene innumerables enseñanzas para el mundo de los negocios. El más obvio: da igual el potencial del mercado en el que te encuentres, da igual los recursos de los que dispongas, da igual las circunstancias propicias que te rodeen, sólo con visión, tesón y proactividad se puede generar nuevo negocio. Pero, ¿cuáles serían los demás ingredientes?

3 comments:

Anonymous said...

Creo que dos de los ingredientes que se podrían añadir son confianza y constancia. Con eso ya hay trabajo que hacer, porque lo de ser constante es selectivo, uno es constante a lo que le interesa (no a lo que le conviene)y eso crea habito y una de las claves está en cambiar los hábitos para mejorar.

maria teresa manero guixà
http://www.antakarana.es

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Humbert said...

El ingrediente secreto?

Posiblemente, la lección de humildad que el clérigo quiere dar al antes peregrino, podría interpretarse en el sentido de que un nuevo negocio ya está ahí delante, en el mundo, en el mercado, pero en la forma de jardín abandonado. Esta oportunidad de negocio o trabajo importante es obra de Dios o otro concepto metafísico y, como no podría ser de otra manera, el trabajo del jardinero es o se convierte en supeficial, o lo que es lo mismo, el astuto que hace "aflorar" un nuevo negocio no crea nada, solo gestiona humildemente lo dado, eso si, con todos esos ingredientes citados (astucia, visión, tesón, proactividad, confianza).

Estirando un poco la metáfora, podriamos pensar que tanto el jardinero en su trabajo con las flores (y pensemos en qué está haciendo nuestro jardinero cuando el clérigo lo encuentra), como el gestor de un nuevo negocio con su equipo, necesitan añadir como ingrediente unos toques de pulcritud o delicadeza de sus formas y modos de trabajar.

Eso sí, seguro que existe algún otro ingrediente secreto.

Laureano Humberto Ruiz Gil

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Marta Esteban said...

Muchas gracias Laureano y Teresa por participar. Sin lugar a dudas, la confianza, en que uno es capaz de hacer algo y la constancia- tardó 2 años en reconstruir el jardín- son claves. También lo son la humildad y la meticulosidad. Estoy de acuerdo con vosotros.

A mí también se me ocurre la visión, ser capaz de ver el potencial del terreno en su peor momento, y volviendo a lo que hacía el jardinero cuando llegó el clérigo, eliminando lo marchito. Hay veces que los recursos, entre los que incluyo las personas, que van en contra de los objetivos de la empresa para la que trabajan, deben también dejar ésta y es labor del gestor asegurarse esto, por muy duro que sea.